Romance


Ilustración Maria Jose Daffunchio

En sus ojitos pequeños de niña ciega
Lloraba, silente, la reina antigua del mar
Y el silencio de sus ojos, de tanto llorar,
En sus miedos al silencio se entrega.

El antiguo príncipe, idolo esplendoroso,
No veía en su mirada la tristeza de la niña
No sabía que el brillo, espantoso gallo de riña,
Lo estaba alejando a un cielo penumbroso.

Ella, en su barca, gondolieri amante y fiel,
Navegaba por jardines de soledad y angustia
Soñando su mundo que moría como flor mustia.
Dulce, sola, suave y triste, bebe amarga hiel.

Las pieles se tocan sin sentirse.
Los ojos no saben de mirarse.
El dolor, silencioso animal,
Se ubica en la morada del odio.
Y así, ciegamente, el mundo avanza.
Lucas G. López Martín

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