Avaricia


Ilustración Maria Jose Daffunchio

Ya va a venir otra vez. Siempre vuelve. Ya sé. No va a pasar nada, como siempre. ¿Quién se cree que es?. ¿Qué supone?… ¿que lo voy a llamar?… pobre tarado. ¡Él me va a llamar!. Él. Yo no lo voy a llamar, que se joda por pelotudo. Si es un pelotudo. Que se joda. No me merece, si es un pelotudo.

Sí, lo quiero. Pero tampoco me voy a morir por él.  ¿Qué?. Mucho se cree. Es un nadie. Además, sólo le dije que me parecía una boludez. Si, ya sé que a él le gusta tanto eso. Pero bue, que se la banque. Yo soy así. Si quiere bien. Si no puede vivir sin mí, que se joda. No, esto es mío. Y no voy a dárselo a cualquiera. Su amor me pertenece. Su atención me pertenece. Y si no, bueno. Veré. Él va a venir.

Un rato, sí. En un rato llama. No puede vivir sin mí. Me lo dijo. No. No lo voy a llamar yo. Pará. Viste. Yo ya puse mucho. Él tiene que llamarme. Qué sé yo por qué… él tiene que llamarme. Ah, ¿qué?, ¿yo no di de lo mío? ¿No puse lo mío también?.

Está bien. Se habrá enojado por el contrato pre-matrimonial. Pero me aconsejó mi papá y mi abogado. Yo no puedo perder todo si a él se le cruza una pende-jita y se va a la mierda y encima quiere la mitad de lo que nunca puso. Eso es mío. Sí, ya sé que me quiere. A veces, demasiado, me quiere. Pero si nos vamos a casar, quiero que las cosas estén claras. Yo compré casi todo. Él es un pelotudo que se conforma con lo que tiene. Dice: “estoy tranquilo, ni mucho ni poco, ni hambre ni sobras… y te amo. ¿Qué más puedo pedir?…”. ¡Claro!, después, cuando nos separemos, me va a venir a reclamar la mitad y la concha de la lora… claro, ¡no pusiste nada y querés la mitad!. ¡Mirá qué hijo de puta, resultaste!… Está bien. ¡Enojate, conchudo!.

Sí, ya sé que no nos casamos. Pero no puedo no pensar en eso. Tarde o temprano nos vamos a separar. Eso es casi seguro. Y, sí, me caso igual. Ya no puedo dar marcha atrás. Ahora hay que esperar que llame. Este hijo de puta. No, no me quiero separar antes de casarme, pero tampoco  voy a perder todo por él…  me caso, sí. Nos vamos a amar. Sí. Obvio. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.  Sí.  No lo voy a llamar ni mierda. Él no puede vivir sin mí. Eso me dice siempre.

-Ah, que salió. ¿Dónde fue?… con los amigos… ¿dónde, no sabe?… sí, nos peleamos pero él… él… él… se fue… bueno. Vuelvo a llamar… sí… está bien… cuando pueda que me llame… dígale que… que… lo amo.

Lucas G. López Martín

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