Abre la ventana


Ilustración Maria Jose Daffunchio

Entre los efluvios de la narcótica noche

y los frescos aires oníricos de la fantasía,

sus latidos torturaban el oído de la bestia.

Dulce, suave, joven, fresca, alimentaría

lo que alguna vez, hace ya tanto tiempo,

fue un alma. Hoy un cuerpo vacío, intacto,

sin más intención que la búsqueda.

En tus venas henchidas, la vida que no tengo,

podremos ser. Aún siento el resabio de un deseo,

un desdibujado placer de lo que alguna vez fui,

no hay en mí, ya, más que un silencio horrible

Y, así, en silencio, ella navegaba en los bravíos

mares de la pesadilla que la abrazaba, sutilmente.

Un collar de rubíes en una asfixiante fiesta.

(Un ser sin deseo no es un gran creador de sueños).

Lo mueve el hambre, el hambre de nunca poder

embarcarse en las profundas manos de Oniros.

Soñar, morir, amar. Esencia horrible del hombre.

Tríada perdida y deseada. Como el dios cristianos.

Y allí, entre el viento helado de la noche, pálidas,

como pidiendo permiso, sus fibras insensibles

azuzaban el consumo frenético de la juventud.

No sabía, no entendía lo inútil que sería su acto.

Era empujado por un arcano cruel a consumar

aquello que sólo traería más tristeza, que provocaría

que su horizonte se alejara, inevitablemente, aún más.

Pero consumir la humedad era lo que creía necesario.

Cumplir la exigencia eternamente insatisfecha de aquél

que siempre regresará a ser impulsado al consumo.

La búsqueda eterna del deseo en el objeto equivocado,

convencidos todos de que ello provocará la vida.

Pero el vampiro sempiterno, concibe la vida en lo inservible.

Consume los restos de su esencia en devorar

la vitalidad finita del que late en la oscura noche.

Acto inútil, acto inmoral, del desesperado por sentir.

Y, así, ella, que aún soñaba, sintió el placer confortable

de la comodidad en su pesadilla placentera de lo eterno,

excitante y sensual, es lo eterno para quien sabe morir,

sin disfrutar del prólogo sensible de su inexistencia.

Su collar de rubíes, entre los vahos etílicos del sueño,

se hizo agua, eterno fluir en la necesidad de la búsqueda

de un deseo de vivir que jamás podrá consumar.

Como un río sin mar entre las basuras de la humanidad.

Lucas G. López Martín

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Una respuesta a “Abre la ventana

  1. Hermoso!!! La ilustración es hermosa!!! Gracias!!!

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