Cortázar -Borges


-¿No está cansado, Borges?.

-La verdad que si algo tiene la muerte es que uno descansa bastante. ¿No le parece?.

-Sí, es cierto… es cierto. Má vale uno se aburre bastante.

-Sí, no hemos tenido nuestro Leteo, por lo que veo. Pero usted no se referería a eso, supongo.

-No, no. Me refería a tanto laberinto y espejo y tanta fórmula…

-No, a mí mis cosas no me cansan. Me cansan los tilingos que me han vitoreado y se han ocupado en ser apólogos o detractores míos en lugar de hacer algo por ellos mismos. Seguramente, mejorarme, dado que no es muy complejo hacerlo. Quizás esté tan cansado como usted de que lo llamen Cronopio.

-Sí, bastante, también. Pero usted ha tenido bastante más suerte que yo. ¡Es considerado uno de los hombres más importantes de la literatura universal!.

-Bueno, si es por eso, usted también. Juicio, por cierto, mucho más justo el que recae sobre usted que sobre mí.

-No lo comparto eso. O al menos, no veo en eso la ventaja. Aquí estamos los dos, muertos. Igualados, como dijo Manrique. Nos hemos transformado en un simple apellido, pero no sé cuánto he disfrutado.

-No me puedo quejar de mi vida, creo. Pero la historia me recordará como un innovador, quizás, en el mejor de los casos, pero a usted como un héroe literario.

-No, yo nunca he sido un héroe. Muy por el contrario. Siempre he sido Dahlmann. Pero nunca tuve el coraje de recoger el cuchillo.

-Afortunadamente…

-En cambio, usted, ha sido un hombre de su tiempo… de nuestro tiempo… ha luchado por sus causas nobles o erradas pero sus causas y su lucha. Ha levantado un puño y ha amado, que es casi lo mismo.

-Puede ser. Sí, he amado. He vivido, pero como todos también estoy aquí, con usted. Muerto. Ahora no soy más que de ellos.

-¡Qué suerte, Julio, que no somos más!. Es un verdadero descanso. A mí me agobiaba ya un poco ser Borges. Kodama me había salvado, un poco, de semejante atrocidad.

-¡Ah, Borges, las mujeres!.

-Esfinges… con sus innumerables enigmas de tan sencilla resolución pero eternizados en la sucesión. Me han amado, creo, más de lo que yo las amé.

-Creo que a todos nos pasa, Borges.

-A nosotros nos pasaba…

-Trágicamente amamos más de los que nos aman. O eso creemos y nos sirve para escribir poesía. Si no, ¿qué verso se equipararía al de Keats?.

-¿Cuál?

-No importa…

-¿Qué le parece si jugáramos a las cartas?. Al truco, digamos.

-No sé jugar. O no me acuerdo. Pero sí, juguemos, Borges. Total, no somos ya nosotros.

-Y, quizás, unas cañas, ¿no?.

-Quizás, sí. La garganta necesita calor, como el poema y la mujer.

-Sí. Quizás…

Lucas López Martín

ilustración Maria Jose Daffunchio

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Una respuesta a “Cortázar -Borges

  1. Agrandeme las ilustraciones, compañera! Quedan muy perdidas ahí abajo!

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