Milonga del acusado


Es de mi guitarra la serena

y su lamento de antiguo llanto,

por esta vieja nueva cadena,

sin salvación, suena este canto.

 

Es la sombra mi amiga

de tantas horas de olvido

y aunque el silencio me siga

mi destino ya está perdido

 

El largo día de los menos,

los que vivimos bajo el ojo

de aquellos que de lo ajeno

crean lo real y propio a su antojo

 

Yo soy el ayer prohibido,

yo soy el después muerto,

soy el que nada ha poseído,

soy el deseo en el desierto.

 

Aquellos días del pasado

que como un fuego crepitan

en mi milonga del acusado

darán en la celda oscura

calor a los desahuciados.

 

Vaya un recuerdo sentido

para los que andar por fuera suelen

que no hacen lo que es debido

porque siempre mucho les duele,

lo que nunca será obtenido.

 

Ya no hay justicia, mi amigo,

este canto será apagado

como la vida de los perdidos

como mis sueños, olvidado,

como el futuro, extinguido.

 

 

 

Como mis manos que sangran,

será una voz en el griterío

acallada por idiotas que gritan,

observando el callado muererío

de todos lo que hemos sido

injustamente acusados…

Lucas López Martín

Ilustración María José Daffunchio

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