Amantes


-Tus manos. Sólo tus manos.

Ilustración María José Daffunchio

Ella articulaba las palabras entre sueños, en la duermevela del espacio vacío de exigencias. Entre las sábanas revueltas, con olores y sudores y perfumes y caricias. Ella sólo deseaba escuchar el silencio de su boca. Era un rincón oscuro del mundo, el último rincón donde alguien la buscaría. Ella merecía tener una caverna al abrigo de todas las que ella debe ser y no es. Ahí, cada tanto, exigiéndose la necesidad de alejarse, ahí ella sabe que está en su recodo del caos constante de una vida rutinaria y normal. Ella lograba crearse un momento para construir recuerdos. Un momento sin sueños, sin anhelos, sin deseos. Sólo un grandioso sentirse bien. No importaba qué hacía. El erotismo era una curiosidad necesaria, pero no era el objetivo de sus intenciones.

Ilustración María José Daffunchio

-Tus ojos. Sólo tus ojos.

Él no hablaba. Casi no decía nada, en realidad. Sólo algunas frases de circunstancia, quizás alguna idea genial. Probablemente, un consejo útil, una mirada distinta, alguna palabra que la acompañe y la ayude. Pero nada más que simples demostraciones del cariño necesario que esa mujer precisaba. Por momentos, pensaba en ella. Pensaba que la situación no era lo mejor. Que ella estaba haciendo mal. Pero también lo disfrutaba. También le hacía bien saber que periódicamente hacía sentir bien a alguien. Sin más que un suave cariño, un momento de agradable regocijo. Una sonrisa, una charla sin exageraciones, sin nombres. Compartir algún leve entretenimiento.

-Tus piernas. Sólo tus piernas.

Lazos irrevocables del temblor de la carne. El imán primario de las relaciones humanas adultas. Una sola idea, sentir. Así establecían sus vínculos, sólo lo que les diera dos o tres horas de tranquilidad, de disfrute. Nada más. Apenas nombres, apenas algún pasado para poder establecer un diálogo. Algunas mentiras, como cuentos, cientos de cuentos bien contados para ilustrar una noche. Como Scherzada. Cuentos contados en el entretejido de sus piernas de mujer. Mientras le acaricia la cara a él y sus ojos se cierran y la boca se mueve y articula historias que miente propias y que miente ajenas. Horribles, dulces, cruentas. Historias de a miles, para eternizar el momento. El instante entre sus piernas.

-Tu boca. Sólo tu boca.

Y ella con su boca entrecerrada, con sus labios invernales que callan y cantan. Ella no dice nada y una sonrisa tímida, hija inmediata de la duermevela, se le cuela cuando mira su cabeza. Y sus ojos desaparecen, mueren, se vuelven. Y su boca, sólo su boca existe, en ese momento. Y el mundo entero es una cavidad. Húmeda, brutal, desgarradora. Platónica caverna de sus sueños. Ella y su boca, una sola entidad. Y se sienten, entre sus dientes, los dientes. Y una sensación inexplicable, como el sabor de la fruta o el aroma de la rosa.

Lucas López Martín

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Una respuesta a “Amantes

  1. Emocionante,

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