Y que siga la melodia♫♫♫


Ilustración María José Daffunchio

Como si una lágrima se descolgara del cielo

pasó, fugaz, una estrella.

Nadie lo notó,

Ana, insomne, jugaba distraida.

Y, Laura, corría en su huída.

Nadie lo notó.

Porque la lágrima no lloraba,

iluminaba.

Despertó a todos los muertos

y la música nació inundándolo todo.

Despertó a los niños, pacíficamente,

y sonrieron.

Despertó al viento,

que bailaba con Fermín

y las hojas.

Y el viento, el mismo viento

mágico y eterno,

rompió cheques y la mierda

de la gran ciudad.

Y el mundo hablaba.

Habló siempre, como siempre,

este mundo boludo.

Y tuvo que venir la lágrima,

tristona y flaca,

pero con una sonrisa

-de esas que te rompen

la cara de alegría-.

Las palabras lloraron.

Ellas no se consuelan,

porque las palabras eran de él.

¿Cómo escribir algo al dueño de las palabras

cuando se fue para dejarnos tan callados…?

Lucas López Martín

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