Pneuma


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Ilustración María José Daffunchio

Ella se arrastra silente entre sombras. Choca con las sombras y con la gente que esas sombras arrastran. Busca entre los desperdicios de la humanidad un salvoconducto que la guíe. Supone que ve pero es ciega porque no ve otra cosa si no es amor. Y el amor no existe. El amor es una perla oculta bajo la piel de los muertos, tras los sueños desinteresados. Entregarse, regalarse, empobrecerse del todo para morir bellamente. Ella es la novia del viento que remueve sus penas y sus ojitos danzantes. Sueña, pobrecita. Aún sueña.
Una caída y otra más, buscó por altares magnánimos y admirables pero al treparse, sólo encontró mugre y arañas en un paisaje vacío de columna dórica que era sólo vana belleza. Buscó en profundos seres amables, pero se mostraron idiotas, violentos y circunstanciales. Buscó en caminos sencillos pero la vaciaban cada vez más.
Y, entre la gente, olfatea sus sombras, oye sus pasos, buscando un perfume o una canción que la aliente, que la acompañe, que le dé tranquilidad. Ella se regala y todos se confunden. Quiere encontrar esos ojos que la reflejen y le den paz. Cree que es imposible. Es una nube, un vapor de estofado, la respiración que empaña un vidrio. Es la soledad que se duele y llora. Ella busca esa magia que le permita alinear los planetas para que el universo deje de conspirar contra nosotros. Es la paz y tristeza, la risa y la sangre. Ella, infantil y dura, se emociona con su sueño. Es la risa que se atraganta para evitar la vergüenza, es la lágrima del varón, es la ropa que no te dejan ponerte, es la idea que no podés tener, es tu miedo. Tu libertad. Ella no es nada. Es un salto. Simplemente, es el salto que das teniendo la certeza de que un brazo te va a atajar al fondo del pozo. La mano que te aplaude, la mierda que se goza. Es un reloj blando y un conejo vomitado.
Ahora, quizás, cuando la mires, será un suspiro (ese aire que se escapa, símbolo de frustración, de temblor, de angustia, que dejás salir en la intimidad de tus pensamientos, de tus sueños). Un suspiro lento y chiquito como un puñal que te atraviesa.

Lucas López Martín

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