Enfermera


Verdes ojos,
dulces símbolos de esperanza.
(Sueños inútiles
del que sufre, del que entabla
la desigual batalla ante la muerte)
Verdes ojos que guardan
esa -énfasis, “esa”- mirada.

Como si fueras una novia
solícita, deliciosa,
amada y amante,
espera tus pasos,
anhelante, el paciente;
pasos que anuncien
milagros de sanidad.

Como una madre,
silente y calma,
que acomoda los enseres
del cuidado,
la preservación del dolor.

Como un padre,
severo autoridad,
pone límite al apasionado
sufrir, al dolor sensitivo,
con recias y fortalecedoras
palabras que dan seguridad.

Pero no es una novia,
ni un padre, ni una madre.
El sadismo y la crueldad,
ahuecan tu pecho,
oh, psicópata.

El sufrimiento ajeno
es tu alimento,
tu salud,
tu gracia,
tu bendición.

No dudas de tu porción
de paraíso por tu oficio,
pero, en el fondo de tu alma
(llamémosla así, poetas),
en la cenagosa oscuridad
de tu mente,
el goce por no
sufrir el dolor ajeno
te hace, simplemente,
siniestramente,
oscuramente,
feliz.Lucas G. López Martín
enfermera 001

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