Druga


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Ilustración María José Daffunchio

Parate derecha y sacate el gestito de soberbia de la cara; ahora girá de costado con suavidad de bailarina guerrilera o combativa. Callate mejor, y continuá la frase que te vamos a decir. A ver, cambiate los zapatos de puntera y calzate un poco de pasto de este no jardín sobre la planta de tus pies para que sientas lo frágil de la violencia.
¿Qué vamos a hacer con esta cabeza? Si sos una mal contestada, rabiosa de la sociedad ¿con qué fin, chiquilla? No te calmes, porque sos mejor con esa libertad que no se comprende en general. Ahora ayudanos a crearte descriptiva, no tuerzas la boca y tratá de no dormir de pie sin desmayarte. Enterate en el exilio del insomnio que las deudas de agravios hacia la imaginación simbólica de deseos golpeados por tus bastones aún siguen en vigencia, espiando días y oscuridades mal alumbradas. Ya sabemos que tus ojos se acostumbran a cualquier penumbra, pero hoy no es el caso, o al menos este momento no es el apropiado para que te aclimates a los caprichos de la lengua.
Sentate en el rincón mirando la pared y aspirá la humedad de tu elegancia, relajate y si podés, de a poquito, andá diciéndonos qué tenemos que hacer con los códigos de fetiches.
Hoy, aunque creas que es inverosímil, podés acuchillar y golpear a la ingenuidad que dio vida a esa inocencia que todos están esperando de tus brazos ¡cómo si fuera a convertirse en real!
Bueno, relajate, de verdad relajate y prestá atención a este alrededor mugriento. Y te lo decimos porque a pesar de tus ataques y de tu ira volátil y ponsoñoza, no queremos que te ensucies tu trajecito blanco.

¿Podemos ser tus drugos?

Nunca serán mis drugos. La mierda los alimenta, la mierda como yo. No tienen el espíritu para ser drugos. Pero yo no puedo vivir sin ustedes y ustedes sin mí. Somos el báculo y el anciano. Indivisibles. Porque somos unos hijos de mil putas tan hermosos que nos adoran. Ustedes, mierdas, besan nuestros scharros. ¡Schutos, schutos que creen que nos detendrán!
Tenemos nuestros drugos, nuestro velocet, un poco de clebo, un schlaga en nuestras rucas y estamos para imponer el nuevo orden mundial. Porque somos poderosos. Somos el rasdrás de los malchicos. Vamos a cracar sus sociedades inmundas. Pero…
No sé. No escucho el chumlar de mis drugos. Ya no los veo a mi lado. Ustedes, militsos sin chapa, ustedes, cerdos merscos. Algo tienen que ver. ¿Dónde están mis drugos?. ¿Qué hicieron con los sueños de unodos ultraviolento?. Velocet, lubilar, esa es la vida. Pero hace un tiempo que no los veo. Oh, drugos, oh, amigos. Compañeros. ¿Qué se habrán hecho?, ¿dónde andarán?.
¿Seguimos así?
¿Nos van a querer así?
¡Mis drugos!
¿Está bien el maquillaje?
Ah, pero sí… ahora que los veo mejor. ¡Mis queridos amigos!Eran ustedes escondidos tras los reflectores. Con esos guardapolvos nos los había reconocido. ¿Son ustedes, mis adorados? Son ustedes, plenios. Placar, pitear, es lo nuestro. Lo ultraviolento es lo que nos dejan hacer. Es lo que debemos hacer. Somos sus amigos, sus drugos. Porque ahora (siempre, quizás). Ahora nos quieren, así, salvajotes y bien peinados. Rompiendo las cosas marcadas con X para que tiemblen los inocentes y compren los idiotas. ¡Vamos, mis hermosos! ¡Vamos que este svuco es tan starrio como vuestras putas madres!.
Sí, claro que pueden. Siempre lo fueron.
Micaela Gatti Y Lucas G. López Martín

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